Bebés en la piscina

Hemos empezado a llevar a nuestras mellizas de 6 meses a la piscina, a matronatación. La primera idea fue que aprendieran a nadar lo antes posible y así evitar sustos, sin embargo, la cosa no funciona así.

Por lo visto, según la opinión de los expertos, los niños no tienen la capacidad motora suficiente para aprender los movimientos coordinados que la natación requiere, hasta aproximadamente los 4 años. Esto no quiere decir que sea inútil llevarles a la piscina antes de esa edad, todo lo contrario. Hasta los 8 meses los niños mantienen el reflejo innato de la apnea, que hace que la glotis esté cerrada e impida el paso del agua a los pulmones y esto facilita el aprendizaje posterior.

Para los niños tan pequeños, la piscina debe suponer una diversión (para las nuestras es una fiesta), ir acostumbrándose al agua, ya que el miedo dificulta el aprendizaje; estimular la motricidad y aprender cosas como soplar burbujas con la boca para no tragar agua cuando están sumergidos, y, en algunas piscinas para bebés, les enseñan flotación de supervivencia.

La advertencia que no paramos de oír, es que aunque el niño empiece a tener cierta autonomía, o incluso se mantenga a flote a lo “perrito”, no se les puede perder de vista ni un instante. El exceso de confianza del niño que le pierde el miedo al agua y de los padres que piensan que ya se “defiende” es un peligro en sí mismo.

En cuanto al sitio de aprendizaje, lo ideal es que sea una piscina específica para bebés, con personal especializado, bajo nivel de cloración y temperatura del agua entre 30 y 32 grados.

Confiamos en que nuestra pareja disfrute y acaben aprendiendo a nadar de manera menos traumática que con los métodos tradicionales de tirarte al agua y recogerte con el triángulo cuando ya lo estabas pasando verdaderamente mal. Yo, a mis treinta y siete, todavía tengo fobia al olor de las piscinas climatizas.

Sara B./ Madrid

 

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