Mil padres en uno

Celebramos el Día del Padre: madrugón de los niños deseando mostrar, por fin, los trabajos del cole que llevan preparando días. Gomets, purpurina y papel pinocho en cantidad, e incluso una poesía espontánea que Ada le escribió a su papi en un momento de inspiración. Teo también exhibe su vena artística con un dibujo de los dos tumbados sobre el césped contemplando una noche estrellada, “como hacemos en verano”. Me doy cuenta de la suerte que tienen mis hijos al contar con un padre tan excepcional (alguna “culpa” habré tenido yo, ¿no?), y eso me hace pensar en todas las veces en que las madres torcemos el gesto porque “ellos”, nuestros compañeros de fatigas en esto de criar a los hijos, no hacen las cosas como a nosotras nos gustaría. Tal vez nos volvemos demasiado exigentes y creemos que solo hay una forma de llevarlo a cabo que es, por supuesto, la nuestra. Y es que ¿quién no ha redefinido el papel de padre en alguna de las siguientes etiquetas?

* Padre: señor con el termostato permanentemente averiado que suele olvidarse de ponerle el gorro al bebé en pleno diciembre, pero, en compensación, le calza al niño unos leotardos en junio. (Aunque seguro, seguro, que lo hace para que se vaya habituando a los vaivenes del cambio climático).

* Padre: señor incapaz de combinar colores en la vestimenta de sus hijos que, siguiendo la estela de John Galliano, mezcla cualquier color y estampado en una combinación imposible que, algún día, no digo yo que no, llegarán a ser tendencia.

* Padre: señor que le pregunta al niño: “¿Tú que número de zapato usas?”, cuando en la tienda debe pedir, además de un modelo y un color, un tamaño. Y es que no hay nada mejor que hacerlos responsables de sus cosas desde pequeños, sí señor…

* Padre: señor que no sabe distinguir entre llevar a los niños de sport o arreglarlos para una ocasión especial. “¿Que hay que comprarle zapatos?”, “Pero si ya tiene los del colegio”. Austeridad y contención, dos bases de la educación para toda la vida, ¡que no se diga!

* Padre: señor al que se le escapa la risa mientras tú regañas a tu hija y ella te responde con una pedorreta. Pero sonreír en ese momento no es desacreditarte, mujer, no hay que tomárselo así. Mira los payasos, todo el día riendo, y el miedo que dan a muchos niños…

*Padre: señor que practica la nueva cocina y está llamado a revolucionar el mundo de la dietética; “¿Ha comido bien?”, preguntas. “Fenomenal: un batido y una salchicha…” ­–contesta- “pero media hora antes se había tomado un helado”. “¡Qué alivio!” resoplas. Eso te pasa por preguntar.

*Padre: señor que hace cosquillas cuando los niños están a punto de dormirse. Sus besos “tranquilos” de buenas noches son eso: carcajadas, risas, peleas de almohadas… Pero si lo hace por ellos, para que no sueñen con la madrastra del cuento que les has leído tú antes a media luz para que vayan cogiendo el sueño; que hay que pensar en todo.

Y yo, aquí en confianza, me pregunto, ¿y qué más dan todas esas cosillas (aunque me saquen de quicio) si mis hijos siguen repitiendo, como de pequeños: “Papá es el mejor”? Y ahora tengo que pediros que me disculpéis porque mi marido está preparando la cena para los niños y no sé lo que está cocinando… ¡Hasta la semana que viene y feliz paternidad!

Terry Gragera

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