En busca de una presencia verdadera

presencia de los padresHoy, en una reunión en la escuela de mis hijos, su maestra ha sacado un tema que me toca de lleno, tal vez porque soy consciente de su importancia y a la vez porque me siento lejos de conseguirlo. Hablaba de la trascendencia que tiene sobre los niños la PRESENCIA de sus padres, pero la presencia así, con mayúsculas. En muchas ocasiones pasamos la tarde entera con ellos pero en lugar de estar “en eso”, andamos renegando, hartos de estar en el parque, de sus rabietas, peticiones, requerimientos y de atender permanentemente sus necesidades. Estamos con la cabeza puesta en las cien mil cosas que tenemos que hacer hoy, mañana, pasado, en las que hemos dejado de hacer y en las que nunca haremos. Es decir, que hemos estado pero sin ESTAR.

Sus palabras me remueven porque ella, con tantísima experiencia, sabe de lo que habla y porque yo, aprendiz de madre aún, también lo sé. Nuestros hijos no aprenden de lo que les decimos, sino de lo que hacemos y diría más, aprenden lo que somos. Si no somos capaces de conectar con el presente y disfrutarlo o sufrirlo pero VIVIRLO, entonces ¿dónde estamos? ¿qué es lo que percibe el niño?

He de confesar que esta responsabilidad sobre lo que trasmitimos a nuestros hijos me ha llegado a abrumar en muchas ocasiones, porque ya no vale con “poner cara de” o “parecer que”, ellos ven más allá de todo eso. Ahora, sin embargo, me perdono más en este sentido y veo la maternidad como una oportunidad de ser mejor persona a través de ellos, como un aprendizaje mutuo, tan lleno de amor, que todo lo salva.

Al hablar de este tema he recordado un artículo que leí hace poco en el blog de Simplicity Parenting. Lo escribe Rayna St. Pierre, una madre que se considera aún inexperta en la materia pero que se atreve, según sus palabras, a dar algunas recomendaciones basadas en sus más de 10 años de experiencia como profesora de secundaria en diferentes institutos de Nueva York.

“Desde el 2000 he tenido la oportunidad de observar y llegar a conocer a más de mil estudiantes y varios cientos de padres y madres. He hablado con los chicos en clase, después de clase, durante las comidas. He escuchado a los padres contarme, llorar e incluso gritar en una sala, a través del teléfono o del email… Y lo que he descubierto es que, independientemente del nivel económico – urbano, suburbano o rural – los niños a menudo exteriorizan o se inclinan por comportamientos perjudiciales cuando sienten la necesidad de una atención plena por parte de sus padres“.

Es así tanto si tu hijo tiene 7 años como 17” dice Rayna. También se mantiene en cualquier clase social, en los barrios marginales y en las zonas residenciales de casas millonarias. De hecho fue en una de estas zonas de clase alta donde un chaval considerado problemático le dijo algo que realmente se quedó grabado en ella: “Mis padres no me quieren; quieren a sus trabajos”. Rayna habló con los padres aún sabiendo de antemano que tal cosa no era cierta, pero esa es la cuestión: no tiene que ver con si es verdad o no, sino con lo que el hijo percibe, con su realidad.

A través de su propia experiencia ha comprobado una y otra vez la relación directa que existe entre una atención mental plena por su parte y un buen comportamiento por parte de sus hijos. “Cuando me tomo la molestia de sentarme, de mirar a mi hijo a los ojos y escuchar realmente lo que me está diciendo, él actúa después en consecuencia. La frustración de no tener la atención que necesita se expresa en llantos, rabia, y después de muchos intentos en un “oye, ¡escucha! Eres la persona más importante en mi vida y quiero compartir contigo lo que me está pasando”

“Por supuesto que los niños tienen que aprender a esperar o saber entretenerse solos mientras mamá o papá están haciendo algo. Pero tenemos que ser plenamente conscientes de nuestro papel, que somos la mayor influencia en sus vidas, el verdadero sol alrededor del cual se mueve su planeta.

La regla general para una atención plena es: calidad sobre cantidad, pero la cantidad también importa.

Rayna finalmente nos deja unos consejos concretos para facilitar la conexión:

“1- Entra en el mundo de tu hijo mientras te habla. La mayor parte del tiempo nuestros hijos estás escuchándonos a nosotros, nuestras órdenes, nuestras explicaciones, nuestras recomendaciones. Dedica un tiempo cada día a escuchar lo que realmente le interesa a tu hijo, independientemente de si te interesa a ti o no.

2- Hazle preguntas que demuestren que estás interesado. “¿Cómo funciona tu superpoder?, “¿Cómo has sido capaz de hacer esa forma con la arcilla?” o cualquier otra pregunta que se centre en el niño y que le muestren que lo que dice tiene un valor para ti.

3 – Escucha con tus ojos además de con tus oídos. Conecta visualmente. Deja a un lado el libro o la revista. Deja de mirar la pantalla del ordenador. Imagínate, por un momento, que estás hablando con un amigo, un adulto, y trata de otorgarle a tu pequeño la misma cortesía: una verdadera atención.

4 - Termina el día con un momento de escucha. Si el único momento tranquilo que tienes es la hora de ir a la cama, saca provecho de la ocasión. A veces, cuando he tenido un día muy atareado, me gusta sentarme en el borde de la cama de mi hijo y simplemente escuchar. Todo parece que sale a flote por la noche. Los niños no se quieren dormir por nada del mundo. Pero ¡pon un límite!, si no, te convertirás en el mejor modo de retrasar el momento de dormir.

5 – Utiliza los tiempos muertos para convertirlos en tiempos de escucha. Me encanta escuchar la radio mientras conduzco por eso me resulta duro apagarla cuando llevo a los niños en el coche. Aún así, lo he convertido en una regla cuando recojo a mi hijo mayor del colegio. Tiene un montón de novedades que contarme y, en los dos minutos que tardamos en llegar a casa, me pone al corriente de muchas cosas. Cuando estás bañando a tu hijo, esperando en una cola, en un restaurante, aprovecha esos ratos y entabla una conversación de verdad. Siempre merece la pena.”

Lo seguiremos intentando y ¡claro que sí!, merece la pena.

Elsa. Madrid

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Paradigma del sistema educativo (Ken Robinson)

Ya es la segunda vez que dedicamos una entrada a Ken Robinson en el blog y no será la última.

Tal vez muchos de vosotros ya conozcáis este video pero no podíamos dejar de publicarlo para aquellos que aún no lo conozcan.

Porque este video hay que verlo. 

Además de lo que cuenta (que pone los pelos de punta), los dibujos son impresionantes.

Espero vuestros comentarios.

Buscar la simplicidad en nuestra tarea como padres

Queremos compartir con vosotros este video de Kim John Payne, autor del libro “Simplicity parenting“, en el que da unas pinceladas sobre cómo hoy día estamos sobrecargando a nuestros hijos y de cómo utilizar el extraordinario poder de hacer y ofrecer menos para que nuestros hijos crezcan más tranquilos, felices y seguros.

El vídeo está en inglés. Hemos hecho un resumen en español que adjuntamos.

Simplicity Parenting from Kim Payne on Vimeo.

Cuando un niño nace todas nuestras esperanzas para el futuro se reavivan. En sus primeros días de vida tras el nacimiento, cuando lo tenemos en nuestros brazos, le miramos y vemos ese extraordinario potencial que supone un bebé.

Los buenos padres quieren lo mejor para sus hijos, que tengan éxito, pero la manera de conseguirlo es darles espacio para poder equilibrar lo interior y lo exterior.

¿Por qué desde la cuna empezamos a inundarles de cosas? Rellenamos por completo su horario, les exigimos mucho. Tienen demasiados juguetes, demasiados libros, demasiada tele. Ballet el lunes, fútbol el martes, clases el jueves, la cita del viernes, etc., etc. Es como si ser padres se convirtiera en un deporte de competición.

En la sociedad se ve como algo normal pero algo en nuestro interior nos dice que no está bien.

He llegado a pensar que se trata de una guerra no declarada contra la niñez.

Hay tal cantidad de cosas ahí afuera, tantas distracciones, que queda muy poco tiempo para pasarlo tranquilamente a solas, sin hacer nada. La capacidad para sentarse tranquilamente, enfrentarse a tus propias luchas, buscar tus propias respuestas. Simplemente sentarse y esforzarse con los deberes en vez de ir corriendo a google a buscar la respuesta.

¿Por qué les damos tantas opciones? Solo conseguimos que nuestros hijos se sientan inseguros porque no saben quién está al mando.

¿Por qué no buscamos la forma de controlar esta desmesura? Hoy día nos olvidamos del gran valor del aburrimiento. Dejad a vuestros hijos que se aburran porque a los veinte minutos, después de haberse aburrido lo suficiente, surge el juego creativo.

Aplicar la simplicidad a nuestra tarea como padres es limpiar todo ese barullo de cosas y así, de alguna manera, les damos a los niños herramientas para no caer en la adicción.

Además, lo maravilloso de simplificar y encontrar un equilibrio en la vida familiar, es que redescubrimos la familia, redescubrimos un poco más a nuestros hijos, ellos nos descubren a nosotros. Nos unimos más.

Lo que propongo es ofrecer a nuestros hijos un buen comienzo, dándoles menos para que así puedan ser creativos, sepan adaptarse, sean innovadores,… Con esto no pretendemos que estos niños tengan mejores resultados académicos, sino que algún día sean buenos padres y madres.

Muchos padres después de unas semanas se emocionan diciendo “¿Sabes? ¡Siento como que he recuperado a mi hijo!”, “¡siento que he recuperado a mi hija!”.

Tenemos que hacer que nuestros hijos partan del hecho de que este mundo es hermoso. Con este tipo de semilla es con la que la simplicidad en la crianza de nuestros hijos espera construir el camino al que regresar.

Si empezamos a trabajar con una única cosa, algo asumible y factible, y a partir de ahí realizamos una acción de equilibrio y simplicidad, entonces comenzaremos a construir la paz en nuestros hogares.

Kim John Payne

www.simplicityparenting.com

Chiquitectos, talleres de arquitectura para niños

Desde que comenzamos nuestra andadura en Creciclando oímos hablar de esta iniciativa tan interesante y hoy queremos compartirla con vosotros.

Chiquitectos es un proyecto lúdico y educativo para despertar en los niños el interés por la arquitectura, el entorno, la ciudad y el desarrollo sostenible. A través de estos talleres los niños aprenden que hacer arquitectura no es sólo construir edificios, es soñar, explorar, pensar, imaginar, investigar, dibujar…pero también es calcular, medir, resolver, representar y construir.

El alma de Chiquitectos es Almudena de Benito, una joven arquitecta madrileña que decidió materializar esta idea reuniendo así su interés por la arquitectura y por la educación infantil. El proyecto nació debido a la necesidad existente de educar a los más pequeños en un área de gran importancia, que no suele formar parte de los programas de los centros educativos españoles, el conocimiento de aquello que nos rodea: el entorno construido y el medio ambiente.

Chiquitectos pretende sensibilizar a los más pequeños y por extensión a toda la sociedad sobre la importancia que tienen el diseño y la ordenación del medio en la vida de las personas y de qué modo influyen en la calidad de la misma.

Mediante distintos juegos y la elaboración de dibujos, construcciones, collages, y maquetas de distintas escalas (elaboradas en su mayoría con materiales reciclados), los niños trabajan e interaccionan con el espacio, experimentan con los distintos materiales y formas, con la luz, descubren la importancia de la estructura y comprenden el significado de la escala y la proporción. También elaboran construcciones ajustadas a su tamaño desarrollando así su capacidad espacial gracias a la relación con su propio cuerpo.

Con actividades basadas en diferentes tipologías de viviendas de diversas culturas se explica el concepto de sostenibilidad y se proporciona a los niños una visión más amplia de su entorno y un mayor conocimiento de la enorme diversidad que nos rodea. El análisis de otras ciudades, amplía su visión arquitectónica y urbanística, fomenta el interés por descubrir, explorar y observar, permite entender el valor de lo multicultural y despierta el sentido crítico de los niños gracias al conocimiento de otros medios y alternativas. Se descubren así nuevas necesidades y se aportan ideas para aplicar en los crecimientos urbanos.

Los talleres de arquitectura estimulan la imaginación de los niños y ayudan al desarrollo de la creatividad. Las actividades realizadas desarrollan la psicomotricidad fina, potencian el desarrollo artístico y fomentan el interés por la arquitectura y el urbanismo.

Chiquitectos ofrece talleres educativos para niños de todas las edades y también organiza rutas urbanas y vistas a edificios singulares.

El aprendizaje cooperativo

Todos nos hemos dado cuenta alguna vez que no hay mejor manera de aprender una cosa que tener que explicarla: dar una clase, una conferencia o hacer los deberes con tus hijos. No solamente lo entiendes mejor sino que lo recuerdas con más facilidad. Esta es la base del aprendizaje cooperativo, una forma de trabajar en las aulas de la que nos hablaron el otro día en una charla en el colegio de mis hijos.
Los enfoques tradicionales en el aula tienen como objetivo que el niño aprenda, independientemente de lo que aprendan los demás; en algunos casos, incluso, cuando el modelo es competitivo el objetivo del niño es aprender más que los demás. En el aprendizaje cooperativo, sin embargo, el objetivo del alumno es aprender pero también que aprendan los demás. Se trata de utilizar las interacciones entre el profesor y el alumno y también las interacciones entre los alumnos.
En un enfoque tradicional es muy difícil asegurar que todos los alumnos participan de manera equitativa y dar respuesta a las diferencias individuales. El aprendizaje cooperativo trata de aprovechar esas diferencias y de potenciar la participación de todos.
No se trata simplemente de poner a los alumnos en grupos y que trabajen juntos de vez en cuando. El aprendizaje cooperativo tiene sus dinámicas de trabajo, recursos y metodologías. Cada aprendizaje incluye trabajo individual (en aula y en casa) y trabajo cooperativo. De esta manera el alumno con más capacidades, al explicar, estará reforzando sus aprendizajes y el alumno con menos capacidad recibe un apoyo doble: del profesor y de sus compañeros. La evaluación, por otro lado, no cambia: sigue habiendo notas, exámenes… pero existe la posibilidad de poder evaluar también el trabajo en grupo, como equipo.
El objetivo del colegio ya no puede seguir siendo solamente la trasmisión de información: los niños tendrán que aprender a comunicarse, trabajar en grupo, adaptarse a distintas personas y controlar sus emociones.
Según la experiencia, los colegios que están implantando el aprendizaje cooperativo en sus aulas consiguen mejorar el nivel académico de los alumnos pero también el ambiente en clase y la relación profesor-alumno. Por supuesto no se trata de cambiar todo de un día para otro: los profesores necesitan una formación específica y un plan de cambio progresivo.
Al salir de la charla pensé que esto no era interesante para mí solamente como profesional sino también como madre: ¿Cómo ayudamos a nuestros hijos a estudiar? ¿Por qué en vez de hacerles tantas preguntas cerradas no les pedimos que nos expliquen lo que han entendido? ¿Por qué no les pedimos que nos preparen un examen y luego nos lo corrijan?
Probablemente como todo cambio, sobre todo en educación, implica esfuerzo y un cierto grado de incomodidad inicial pero al final vale la pena.

Isa / Madrid

¿Conocías este método de aprendizaje? ¿Tienes alguna experiencia que contarnos sobre este u otro método? Escríbenos a blog@creciclando.com  y, si publicamos tu post, conseguirás 5 puntos para canjear en creciclando.

¡Tenemos deberes!

Lunes, 5.10 h de la tarde. J asoma por la puerta de su clase mochila a la espalda. Y ante mi feliz “Hola, cariño”, contesta un seco “Hola”. No tengo poderes adivinatorios, pero esa cara torcida me anuncia que hoy tenemos demasiados deberes. “Dos problemas de Mates, terminar un esquema de Cono y una redacción para Lengua”, reconoce al fin. Mientras enumera la lista, yo calculo el rato que va a estar sentado en su mesa. Y el rato que yo voy a estar yendo y viniendo de su habitación, contestando dudas y corrigiendo fallos. Pero ¿sabéis qué? Pues que aún tengo suerte, porque conozco casos de niños que no se tiran ni una ni dos horas en su pupitre de casa, sino tres o más. Y todas las tardes.

J tiene tareas razonables, que no le llevan más de 30 o 40 minutos, y como además es de naturaleza nerviosa, nada más cruzar la puerta, se sienta casi sin quitarse el abrigo ante los deberes. “Es que me los quiero quitar de encima pronto para jugar”, asegura. Y a mí me parece estupendo. Porque los niños de ocho años, como J, tendrán que afianzar lo aprendido, pero también –y sobre todo– tienen derecho a desconectar, como hacemos los adultos cuando salimos de la oficina. Y para ellos, desconectar es jugar.

El problema llega con la semana de los exámenes. Sabemos que en esos cinco días el juego no existe. Ni la desconexión. Ni para él ni para sus padres. Porque lo peor es que él no sabe estudiar, y se cansa, y tiene un tiempo limitado de atención, como todos los niños. Y cuando tú ya recitas de memoria –y totalmente agotada– las partes del oído, él sigue situando la pituitaria en la retina, y las papilas gustativas en la pupila. A ti te parece tan obvias… ¡y a él tan extrañas todas esas palabras! que los gritos no tardan en aparecer. Uff, momento de irte a hacer la cena… y confiar en que el sueño reparador haga milagros en sus neuronas. ¡Ah, no!,  si no me acordaba, aún tengo un último recurso. Le he traído un cuento divertidísimo de los sentidos, con dibujos y juegos para aprender lo mismo que hemos estado recitando aburridos toda la tarde. ¿No será este mejor recurso que repetir y repetir lo que ven en clase?

Pero al final me animo. Porque revisando el libro de Cono, he visto que la semana que viene nos tocan los músculos y los huesos, y yo, que sufro de la espalda, pienso que ahora podré decirle a J que tengo una contractura “en las lumbares o el trapecio” –y no la imperdonable imprecisión de “estoy malita de la espalda”– y cuando él se mire al espejo, ya no me preguntará si tiene “acdominales, como su ídolo Ronaldo”; dirá con exactitud “abdominales”… aunque he de reconocer que echaré de menos ese impronunciable “ac” que me producía tanta ternura.

Marta Castro / Madrid

Anidan, Casa de Lamu en Kenia

Necesito ayuda para sacar adelante un proyecto con el que me he comprometido.

Llevaba tiempo buscando un proyecto con el que colaborar y finalmente conocí la labor que está realizando una gente estupenda en Kenia que, creo, se merecen toda la ayuda que se les pueda prestar.

Rafael Selas es el ombligo de todo esto. En el año 2002, este productor madrileño acude a la boda de un amigo en Kenia y queda impactado con la miseria que ve, principalmente por la situación de los niños que viven en la calle. Decide vender todas sus cosas y plantarse allí. Comienza alquilando una casa en el pueblo de Lamu y recogiendo niños huérfanos o abandonados a los que mantiene con sus ahorros y la ayuda de su familia. Actualmente tiene una casa de acogida donde más de 200 niños reciben alimento, educación y, sobre todo, donde tienen un hogar. Podéis ver toda la información en www.anidan.org

Este hombre no tiene detrás una “super ONG” que le respalde. Cuando fui a conocer ANIDAN, me encontré con que la sede es el salón de la casa de Antonio y Margarita, los padres de Rafael, que dedican su jornada de jubilados a trabajar para estos nietos sobrevenidos. Ahora han alquilado un estudio de una estancia en la que tienen su pequeña oficina.

Las cosas no han mejorado en Kenia. A la casa siguen llegando huérfanos del sida o la malaria, niñas que huyen de matrimonios forzosos o niños cuyas madres están en la cárcel. La crisis ha multiplicado por cuatro los precios de los alimentos y ha dejado a Anidan sin alguno de sus socios.

Cuando comencé a colaborar con Anidan la acción prioritaria era atender las necesidades de un grupo, sobre todo de mujeres y niños, de la etnia Borana que se había establecido cerca de Lamu de manera muy precaria. Se trata de tribus que se dedicaban al pastoreo y que se han quedado sin nada debido a la sequía que asola el país y los conflictos de países vecinos como Somalia. Los niños estaban en tal estado de desnutrición que se morían en dos meses. A base de papillas nutricionales les sacaron adelante y algunos viven ya en la casa de acogida y muchas de las madres borana trabajan ahora mismo en Anidan.

El proyecto para el que necesitamos colaboración en este momento es el de sufragar el preescolar del orfanato, que es donde están muchos de los niños porque, aunque algunos tienen 8 o 9 años, nunca habían ido al colegio. Ahí aprenden a leer y escribir antes de incorporarse al colegio público. El gasto que estamos cubriendo es una partida de aproximadamente 700 euros mensuales (aunque varía levemente porque hay niños que pasan al cole y otros que entran en preescolar).

Se trata de sufragar un proyecto muy concreto y además, en este caso, tendremos la seguridad de que el 100% de la ayuda está llegando al sitio donde la necesitan. No hay intermediarios, no hay gastos superfluos asociados, no hay grandes estructuras organizativas detrás que mermen la ayuda que prestamos.

Se ha abierto una cuenta en Caja Madrid que tiene como titular a ANIDAN (2038-1701-98-6000227730) para canalizar esta ayuda. Si quieres colaborar, cualquier aportación mensual es bienvenida. Lo mejor es la continuidad, que sea una transferencia permanente.

Mi compromiso con Anidan es el de buscar aportaciones para poder cubrir las necesidades del preescolar del orfanato: profesores, uniformes (que son obligatorios en Kenia), material escolar, etc. El compromiso es grande, confío en vuestra ayuda.

Sara B. / Madrid