¿Cómo entretienes a tus hijos en los viajes?

A principio de este mes de agosto lanzamos un concurso en Facebook para recoger las propuestas ANTI CQ. ¿Anti qué?

Puedes ser desesperante cuando te montas en el coche (ni te cuento si vienes de regreso) y antes de que pasen 10 minutos, cuando aún no has cogido ni la carretera, uno de los pequeñajos te pregunta “¿cuánto queda?” No, por favor, aún no!!!! Pues ahí estamos los padres, estrujándonos la cabeza para entretenerles y que vaya pasando el tiempo y los kilómetros.

A través del muro de Facebook de Creciclando o por correo electrónico recogimos propuestas ANTI CQ. Son todas geniales y hemos querido recogerlas y compartirlas. Esperamos que os sirvan y que os animéis aportando otras nuevas.

nuclearesno.gracias.9, por mensaje privado de Facebook

“Nosotros tenemos tres niñas y viajamos mucho y despacio: vamos con caravana a Alemania, Suiza, Austria y un año fuimos a Normandía y la bretaña francesa.
Un juego que les entretiene mucho es jugar ellas contra nosotros. Ellas proponen una palabra y cantan una canción en la que aparezca esa palabra, luego la tenemos que cantar nosotros y así hasta que uno falle; también jugamos a ver quién ve más animales.
Otro que les gusta mucho es que cada uno proponga una canción (luego la cantamos todos) y ¡así hemos llegado a estar cantando hora y media!
O a ver quién sabe más señales de tráfico: Les damos el mapa y les decimos una ciudad, les vamos dando pistas, al norte de Valencia pero al sur de Barcelona, tiene mar…

Julio A., en el muro de Facebook
“Entretener contando algún cuento o historia divertida e inverosímil. Ese es mi recurso que nos suele funcionar.”

Ana A., por email:
Los animales: “Se decide la categoría de animales según la edad o conocimientos de los participantes (de agua, de tierra, de aire, de mar, de río, de selva, reptiles, mamíferos, etc.)
Por turnos, cada uno va diciendo un animal, el que repita, tarde demasiado o se equivoque de grupo de animal, queda eliminado. Aunque lo más divertido del juego es ayudarse unos a otros con pistas, ruiditos o mímica; buscamos entretenernos durante un buen rato no es necesario acabar con un ganador.
Este juego podemos hacerlo con flores, ciudades, etc.”

Isabelle M., en el muro de Facebook.
Mis hijos son expertos en pasar viajes largos a pelo inventando juegos absurdos como memorizar los códigos de barras de la crema de protección solar o el juego de los “mirones“: hay que mirarse fijamente y pierde el que deje de mirar.

Carlos R., en el muro de Facebook.
Nosotros empezamos una historia inventada y por turnos hay tiene que continuarla. Cuanto más surrealista sea la mezcla de ficción y alusiones a la realidad cercana, más divertido. También jugamos a adivinar canciones que tarareamos sin letra, a ver el primer coche de un color concreto, a aguantar más tiempo sin reírse… Una cosa que les encanta es contarle historias de cuando eran muy pequeñas.

Elsa C., en el muro de Facebook.

Viajamos en una furgoneta, son 4, y van enfrentados dos a dos. Juegan a quitarse un calcetín, cuanto más apestoso mejor, y a tirárselo a la cara unos a otros. El que lo recibe grita horrorizado y el resto se parte de risa. Los calcetines van volando por el coche, acaban por cualquier parte.

Elena P., por email:

1) “Ver coches amarillos. Antes había muchos, pero ahora todos son grisesazuladosmetalizados y los amarillos, para nosotros, son piezas codiciadas. El primero que lo ve, se apunta el tanto”.

2) Imagino, Imagino. Es como el “veo,veo” pero con cosas que no tienes porqué estar viendo, y tienes que dar pistas diciendo para qué sirven.

3) Inventar una historia. Hacemos una historia en la que cada uno inventa un trocito.

4) “Piedra, papel y tijera”, pero con otras cosas. Dos jugadores y un juez. Cada uno de los jugadores tiene que pensar una palabra, y a la voz de “uno, dos, tres” tienen que decir cada uno la suya. Por ejemplo, uno dice miedo y el otro champiñón. Entonces, por turnos y con el que hace de juez poniendo mucha atención, cada jugador tiene que justificar porqué su elección gana a la otra. El miedo puede al champiñón porque se apodera de él y el champiñón no se atreve a salir de su casa, y está todo el rato llorando, y no hace más que llamar a su mamá….., contra,…. pues el champiñón puede al miedo porque, como es tan asqueroso, el miedo se va corriendo y no quiere ni olerlo porque huele “a peste”…… Hay un turno de réplica para que cada jugador aclare su postura y el juez, en función de que le gusten más o menos los champiñones, decide quien gana. Y vuelta a empezar.

Raquel S., en el muro de Facebook:
“Respecto a los juegos de viaje a nosotros nos gusta mucho jugar a ¿En qué se parece? o a ¿En qué se diferencia? Sobre todo es muy divertido con animales, en qué se parece una oveja y una vaca (tienen 4 patas, una boca, viven en la granja…) y en qué se diferencian (una hace bee, otra muu, una da lana, otra da leche,etc). Como véis es un juego que da mucho idem, puedes buscar parecidos o diferencias en formas, colores, sonidos, texturas, tamaños, … Espero que lo disfrutéis, a mi hija de 4 años le gusta mucho.

Ana del E., en el muro de Facebook
El socorrido veo-veo va pasando de generación en generación y siempre es divertido y entretenido mis niños ya son mayores y les sigue encantando nos turnamos con las palabras encadenadas uno dice una palabra y el otro comienza la siguiente con el final de esa primera palabra y así sucesivamente, es una forma de que desarrollen su imaginación y aprendan vocabulario.

Raquel B.en el muro de Facebook
Nosotros que solemos ir para el norte de España, aprovechamos la lluvia para hacer “carreras de gotas” por los cristales laterales. Cada uno elige una gota, y a medida que avanza el coche, esta se va desplazando hasta el final de la ventana. Por supuesto, gana el que haya elegido la gota más rápida. Ah, y si en el camino, la gota se “traga” otra y se hace más gorda, tiene un punto extra.

Juan Carlos A., en el muro de Facebook (sin participar en el concurso por estar fuera de plazo)

Pasatiempo “matemático”. Intentad mirar el paisaje y descubrir algún objeto que pueda “contarse”. Por ejemplo, unas vacas, o unos molinos eólicos. Ese primer objeto sirve como excusa para comenzar un itinerario de sumas y restas. “Mirad, hay cinco vacas en el prado. Si tres de ellas se van al pilón a beber agua, ¿cuantas quedan en el prado?;… a la tres vacas que van al pilón se le juntan otras cuatro que venían con el pastor, ¿cuantas vacas hay en el pilón?;… de las que quedaban en el prado, hay una que se va hacia el establo por que la van a ordeñar, ¿cuantas quedan en el prado?;… Así se van sucediendo escenas en las que hay que saber sumar y restar y hay que tener memoria para acordarse de cuantas había en cada escena. Os aseguro que puede acabar siendo un lío divertidísimo. El contador de la historia también puede ser uno de vuestros hijos y os sorprenderá lo mucho que son capaces de complicar la historia los niños para hacer que os confundáis,…

Nos han encantado todas las propuestas, pero había que elegir una. El premio sería para la propuesta más original y la ganadora es: ¡TACHÁN, TACHÁN!

La peculiar versión del “Piedra, papel y tijera”, pero con otras cosas, propuesto por Elena P.

¡Enhorabuena Elena!

El premio es el libro “Crear y reciclar. Manualidades fáciles y creativas para niños”. Un libro que nos encanta, que tiene mucho quie ver con la filosofía de Creciclando y que entretendrá a los peques en origen y destino.

 

Muchas gracias a todos por participar.

¡Que tengáis un buen viaje!

 

¿Vivir sin tele?

Cuando nos mudamos a vivir a nuestra nueva casa decidimos no cargar la tele. Ya llevábamos un tiempo dándole vueltas al tema y aprovechamos el cambio para tomar la decisión. Al principio se nos hizo un poco raro porque la tele formaba parte de una rutina, sobre todo por las noches cuando acostábamos a los niños y nos quedábamos tranquilos después de la cena. Esa sensación nos duró poco, la verdad, y enseguida vimos lo agradable que era el silencio y el disfrute de ese rato del día.

No es que piense que la tele es mala en sí misma, ni mucho menos, lo que pasa es que para mí se había convertido en un acto rutinario, sin sentido, un hábito un tanto absurdo. Encender la tele no era un acto consciente: “hoy es martes voy a poner esta serie que me gusta mucho”, sino que lo hacía “porque sí”, porque tocaba.

Además estaba el tema de los niños. Mis hijos no veían casi nunca la tele, en eso éramos muy cuidadosos, y queríamos que siguiera siendo así. Los niños, al contrario que los adultos, no pueden filtrar lo que ven, lo chupan todo sin barreras, sin protección. La visión de un niño viendo la tele absolutamente hipnotizado, estático, con los ojos y la boca abiertos, me pone un poco los pelos de punta. Pero bueno, esa es mi opinión. Lo cierto es que en muchas ocasiones se utiliza la tele para que los niños se queden un rato quietos para poder mientras nosotros hacer cosas en la casa o que nos dejen un rato en paz. Así lo recogía un artículo publicado en El País el pasado mes de enero titulado “Un país de teleniños“, en el que se apuntaba cómo la televisión se ha convertido en una económica guardería en España.

En este artículo se hace hincapié en la necesidad de consumir una “dieta audiovisual” equilibrada y en la importancia de luchar por unas producciones de mayor calidad y específicas para el público infantil. “No hay que satanizar las pantallas” afirma la Defensora del Espectador de RTVE. Creo que en eso estamos todos de acuerdo, pero ¿qué les aporta? Muchas veces nos venden a los padres productos audiovisuales con el sello de “educativo” como si nuestros hijos fueran a aprender gracias a ellos. No nos equivoquemos, los niños aprenden siempre a través de otro ser humano, a través de la experiencia.

Independientemente de la calidad de la oferta televisiva para los niños, el dato que me parece más preocupante es que los menores entre 4 y 14 años pasan más de dos horas y media al día frente a la televisión. Las cuentas no me salen: están un montón de horas en el colegio, al terminar, muchos tienen actividades extraescolares dentro o fuera del centro, otros tienen que hacer deberes, la hora del baño, la cena,… Entonces ¿de dónde sacan dos horas y media para ver la tele? Y lo que me parece más grave de todo ¿cuándo juegan? Si el poquísimo rato que tienen libre lo pasan viendo la televisión les estamos haciendo un flaco favor. El juego es la tarea más importante para un niño, tanto como el comer y dormir, es su herramienta más potente para aprehender el mundo. Lo que pasa es que los niños cuando juegan lo desordenan todo, gritan y corren, incluso puede que rompan alguna cosa o “transformen” algún elemento de la casa. Y claro, siempre está la tentación “¿y si les pongo una peli en el ordenador y así recojo la casa y preparo tranquilamente la cena?”.

Elsa Charcos / Madrid

Chiquitectos, talleres de arquitectura para niños

Desde que comenzamos nuestra andadura en Creciclando oímos hablar de esta iniciativa tan interesante y hoy queremos compartirla con vosotros.

Chiquitectos es un proyecto lúdico y educativo para despertar en los niños el interés por la arquitectura, el entorno, la ciudad y el desarrollo sostenible. A través de estos talleres los niños aprenden que hacer arquitectura no es sólo construir edificios, es soñar, explorar, pensar, imaginar, investigar, dibujar…pero también es calcular, medir, resolver, representar y construir.

El alma de Chiquitectos es Almudena de Benito, una joven arquitecta madrileña que decidió materializar esta idea reuniendo así su interés por la arquitectura y por la educación infantil. El proyecto nació debido a la necesidad existente de educar a los más pequeños en un área de gran importancia, que no suele formar parte de los programas de los centros educativos españoles, el conocimiento de aquello que nos rodea: el entorno construido y el medio ambiente.

Chiquitectos pretende sensibilizar a los más pequeños y por extensión a toda la sociedad sobre la importancia que tienen el diseño y la ordenación del medio en la vida de las personas y de qué modo influyen en la calidad de la misma.

Mediante distintos juegos y la elaboración de dibujos, construcciones, collages, y maquetas de distintas escalas (elaboradas en su mayoría con materiales reciclados), los niños trabajan e interaccionan con el espacio, experimentan con los distintos materiales y formas, con la luz, descubren la importancia de la estructura y comprenden el significado de la escala y la proporción. También elaboran construcciones ajustadas a su tamaño desarrollando así su capacidad espacial gracias a la relación con su propio cuerpo.

Con actividades basadas en diferentes tipologías de viviendas de diversas culturas se explica el concepto de sostenibilidad y se proporciona a los niños una visión más amplia de su entorno y un mayor conocimiento de la enorme diversidad que nos rodea. El análisis de otras ciudades, amplía su visión arquitectónica y urbanística, fomenta el interés por descubrir, explorar y observar, permite entender el valor de lo multicultural y despierta el sentido crítico de los niños gracias al conocimiento de otros medios y alternativas. Se descubren así nuevas necesidades y se aportan ideas para aplicar en los crecimientos urbanos.

Los talleres de arquitectura estimulan la imaginación de los niños y ayudan al desarrollo de la creatividad. Las actividades realizadas desarrollan la psicomotricidad fina, potencian el desarrollo artístico y fomentan el interés por la arquitectura y el urbanismo.

Chiquitectos ofrece talleres educativos para niños de todas las edades y también organiza rutas urbanas y vistas a edificios singulares.