Música para todos que les encanta a los niños

¡Qué descubrimiento! He encontrado un CD de música que me encanta y que les encanta también a mis hijos. No es música hecha para niños, simplemente es música que les gusta a los niños. Son recopilaciones con mucho gusto y de grupos fantásticos repartidos por cualquier parte del mundo. El sello es Putumayo Kids.

En concreto el que yo me compré el otro día es de música latinoamericana (Latin Playground) y mis enanos se lo pasan en grande bailando y cantando como locos. Guantanamera, Cielito lindo, El negro zumbón, La araña picua…

Yo vi una araña con pelo en el ala de mi casa . Con rabo y con cuatro patas y tenía forma de cangrejo. ¡La araña te va a picar! Agárrala por detrás.

Hay mcuhos más: de Folk, Reagge, música para dormir, rock & roll, brasileira o música de fiesta con canciones de todas partes y en muchos idiomas. Estoy deseando escuchar algún otro. Yo lo encontré en una tienda que hay en Madrid que se llama “El Lobo Feliz” (otro día hablaré un rato largo sobre esta fantástica tienda de juguetes).

Elsa Charcos / Madrid

¡Tenemos deberes!

Lunes, 5.10 h de la tarde. J asoma por la puerta de su clase mochila a la espalda. Y ante mi feliz “Hola, cariño”, contesta un seco “Hola”. No tengo poderes adivinatorios, pero esa cara torcida me anuncia que hoy tenemos demasiados deberes. “Dos problemas de Mates, terminar un esquema de Cono y una redacción para Lengua”, reconoce al fin. Mientras enumera la lista, yo calculo el rato que va a estar sentado en su mesa. Y el rato que yo voy a estar yendo y viniendo de su habitación, contestando dudas y corrigiendo fallos. Pero ¿sabéis qué? Pues que aún tengo suerte, porque conozco casos de niños que no se tiran ni una ni dos horas en su pupitre de casa, sino tres o más. Y todas las tardes.

J tiene tareas razonables, que no le llevan más de 30 o 40 minutos, y como además es de naturaleza nerviosa, nada más cruzar la puerta, se sienta casi sin quitarse el abrigo ante los deberes. “Es que me los quiero quitar de encima pronto para jugar”, asegura. Y a mí me parece estupendo. Porque los niños de ocho años, como J, tendrán que afianzar lo aprendido, pero también –y sobre todo– tienen derecho a desconectar, como hacemos los adultos cuando salimos de la oficina. Y para ellos, desconectar es jugar.

El problema llega con la semana de los exámenes. Sabemos que en esos cinco días el juego no existe. Ni la desconexión. Ni para él ni para sus padres. Porque lo peor es que él no sabe estudiar, y se cansa, y tiene un tiempo limitado de atención, como todos los niños. Y cuando tú ya recitas de memoria –y totalmente agotada– las partes del oído, él sigue situando la pituitaria en la retina, y las papilas gustativas en la pupila. A ti te parece tan obvias… ¡y a él tan extrañas todas esas palabras! que los gritos no tardan en aparecer. Uff, momento de irte a hacer la cena… y confiar en que el sueño reparador haga milagros en sus neuronas. ¡Ah, no!,  si no me acordaba, aún tengo un último recurso. Le he traído un cuento divertidísimo de los sentidos, con dibujos y juegos para aprender lo mismo que hemos estado recitando aburridos toda la tarde. ¿No será este mejor recurso que repetir y repetir lo que ven en clase?

Pero al final me animo. Porque revisando el libro de Cono, he visto que la semana que viene nos tocan los músculos y los huesos, y yo, que sufro de la espalda, pienso que ahora podré decirle a J que tengo una contractura “en las lumbares o el trapecio” –y no la imperdonable imprecisión de “estoy malita de la espalda”– y cuando él se mire al espejo, ya no me preguntará si tiene “acdominales, como su ídolo Ronaldo”; dirá con exactitud “abdominales”… aunque he de reconocer que echaré de menos ese impronunciable “ac” que me producía tanta ternura.

Marta Castro / Madrid

Mi vecino Totoro

Desde que descubrí la película “Mi vecino Totoro” la he visto ya muchas veces y muchísimas más las que la han visto mis hijas, que han llenado la casa de dibujos que retratan a ese mágico habitante del bosque.

Es una preciosa película japonesa, pausada, con mucho gusto por los detalles, lejos de las nuevas películas de animación llenas de efectos especiales. En ese sentido, es una película que respira paz, acorde con el cerebro de un niño que necesita su tiempo para asimilar los cambios, las sorpresas, la vida.

La historia es muy sencilla y humana. Narra cómo se adaptan dos hermanas a su nueva casa en el campo junto a su padre, mientras su madre se recupera en el hospital. Hay pocos personajes, lo que ayuda a los niños a seguirla bien: las dos hermanas y sus padres, la sabia y anciana vecina, su nieto y por supuesto Totoro, un habitante del bosque muy especial.

La película refleja la ternura, curiosidad e inocencia de los niños, capaces de descubrir lo que los adultos somos incapaces de percibir por nuestra complicada manera de ver las cosas; todo eso que perdemos de vista con demasiada frecuencia: la esencia de la vida, la naturaleza, la imaginación.

La película está llena de sensibilidad y de imágenes maravillosas. Si tienes algún niño cerca hazle el regalo de ver juntos esta película y cuando acabe pregúntale …

- ¿Tú crees que Totoro existe?

- Shhh….. no se lo cuentes a nadie pero creo que sí que existe y que vive muy cerca de aquí

Raquel / Madrid

Mi vecino Totoro” es una película del director japonés Hayao Miyazaki del año 1988. Llegó a España con dos décadas de retraso, estrenándose por primera vez en los cines en el año 2009.

 

 

 

 

 

 

 


Bizcocho de yogur

Esta receta es tan simple y facilona que me da hasta vergüenza ponerla pero me encanta porque la he hecho mil veces con mis niños y siempre es una fiesta: hacerlo, verlo crecer y comérselo.

Necesitas:

  • un yogur natural (o de limón)
  • 3 huevos
  • harina
  • azúcar
  • aceite
  • 1 sobre de levadura en polvo
  • ralladura de limón (si el yogur es de limón, no la pongas)

El vaso del yogur es la medida de los ingredientes y es muy fácil de recordar: 1, 2, 3: 1 yogur, 2 de azúcar, 3 de harina.

Lo primero es montar los huevos. Vacía el yogur en un cuenco y quédate con el vaso del yogur como medida. Lo llenas dos veces de azúcar y se lo añades despacio a los huevos, mezclándolo bien. Después se incorpora el yogur con cuidado. A continuación va la harina (3 vasos de yogur llenos de harina), una cucharada de aceite y la ralladura de limón. Mézclalo bien y al final agrega la levadura.

Untas un molde con mantequilla en el que viertes la mezcla y lo metes en el horno ya caliente a 160º-170º durante algo menos de una hora o hasta que veas que metiendo un cuchillo sale limpio.

Lo sacas, lo dejas enfriar y lo decoras con azúcar glass por encima o viertes chocolate fundido o tal cual.

A veces también le pongo trozos pequeños de manzana o de plátano a la mezcla que luego se deshacen y casi ni se notan pero le dan otra gracia.

Elsa Charcos / Madrid

Anidan, Casa de Lamu en Kenia

Necesito ayuda para sacar adelante un proyecto con el que me he comprometido.

Llevaba tiempo buscando un proyecto con el que colaborar y finalmente conocí la labor que está realizando una gente estupenda en Kenia que, creo, se merecen toda la ayuda que se les pueda prestar.

Rafael Selas es el ombligo de todo esto. En el año 2002, este productor madrileño acude a la boda de un amigo en Kenia y queda impactado con la miseria que ve, principalmente por la situación de los niños que viven en la calle. Decide vender todas sus cosas y plantarse allí. Comienza alquilando una casa en el pueblo de Lamu y recogiendo niños huérfanos o abandonados a los que mantiene con sus ahorros y la ayuda de su familia. Actualmente tiene una casa de acogida donde más de 200 niños reciben alimento, educación y, sobre todo, donde tienen un hogar. Podéis ver toda la información en www.anidan.org

Este hombre no tiene detrás una “super ONG” que le respalde. Cuando fui a conocer ANIDAN, me encontré con que la sede es el salón de la casa de Antonio y Margarita, los padres de Rafael, que dedican su jornada de jubilados a trabajar para estos nietos sobrevenidos. Ahora han alquilado un estudio de una estancia en la que tienen su pequeña oficina.

Las cosas no han mejorado en Kenia. A la casa siguen llegando huérfanos del sida o la malaria, niñas que huyen de matrimonios forzosos o niños cuyas madres están en la cárcel. La crisis ha multiplicado por cuatro los precios de los alimentos y ha dejado a Anidan sin alguno de sus socios.

Cuando comencé a colaborar con Anidan la acción prioritaria era atender las necesidades de un grupo, sobre todo de mujeres y niños, de la etnia Borana que se había establecido cerca de Lamu de manera muy precaria. Se trata de tribus que se dedicaban al pastoreo y que se han quedado sin nada debido a la sequía que asola el país y los conflictos de países vecinos como Somalia. Los niños estaban en tal estado de desnutrición que se morían en dos meses. A base de papillas nutricionales les sacaron adelante y algunos viven ya en la casa de acogida y muchas de las madres borana trabajan ahora mismo en Anidan.

El proyecto para el que necesitamos colaboración en este momento es el de sufragar el preescolar del orfanato, que es donde están muchos de los niños porque, aunque algunos tienen 8 o 9 años, nunca habían ido al colegio. Ahí aprenden a leer y escribir antes de incorporarse al colegio público. El gasto que estamos cubriendo es una partida de aproximadamente 700 euros mensuales (aunque varía levemente porque hay niños que pasan al cole y otros que entran en preescolar).

Se trata de sufragar un proyecto muy concreto y además, en este caso, tendremos la seguridad de que el 100% de la ayuda está llegando al sitio donde la necesitan. No hay intermediarios, no hay gastos superfluos asociados, no hay grandes estructuras organizativas detrás que mermen la ayuda que prestamos.

Se ha abierto una cuenta en Caja Madrid que tiene como titular a ANIDAN (2038-1701-98-6000227730) para canalizar esta ayuda. Si quieres colaborar, cualquier aportación mensual es bienvenida. Lo mejor es la continuidad, que sea una transferencia permanente.

Mi compromiso con Anidan es el de buscar aportaciones para poder cubrir las necesidades del preescolar del orfanato: profesores, uniformes (que son obligatorios en Kenia), material escolar, etc. El compromiso es grande, confío en vuestra ayuda.

Sara B. / Madrid