Así acabó la historia

Post Creciclando

Como un parque de atracciones. Así es la vida de cualquier familia con hijos, por eso a nadie le extrañará que los “sucedidos” que he venido relatando en este Blog sean totalmente ciertos.

Muchas de las historias se quedaron aquí en un punto y seguido; por eso, y como participo de la tendencia general de hacer balance a final de curso, como si aún estuviera en etapa escolar, repasaré los finales de los momentos que he compartido con vosotros a través de estos post.

Edad recomendada O cómo los padres nos empeñamos en adelantar etapas en nuestros hijos, por supuesto, fastidiando a los demás.

Ya no aguanto más, tras revivir esta experiencia en otras actuaciones infantiles, me planteo seriamente crear una asociación de damnificados. Bueno, seriamente no, es solo en mi fuero interno, pero que sepáis, padres que nos arruináis a los demás los espectáculos, que me he quedado con vuestra cara. Con la de todos.

De virus, escapadas y culpas O por qué siempre los niños se nos ponen malos cuando decidimos salir solos o tenemos citas apetecibles.

Mis hijos han seguido cazando virus, especialmente en fechas señaladas. Que hay una boda o nos juntamos para celebrar dos o tres cumples, ahí que faltamos… Ante tanta ausencia a eventos organizados por amigos, los más osados han empezado a preguntarnos si tenemos algo que esconder e incluso dudan de que haya “terceras personas”… Y están en lo cierto. Yo/mi santo, nuestro hijo y el médico.

Mil padres en uno O cómo los hombres son esos seres encantadores que crían a los hijos “a su manera”, como diría Frank Sinatra.

Sin novedad en el frente. El padre de mis hijos continúa obviando la composición de los tejidos según las estaciones, creando tendencia al combinar colores, dándoles un phoskitos como postre de la cena y riéndose ante sus trastadas cada vez que la ocasión lo merece. ¿Y yo me enfado? Qué mejor valor que la coherencia en los propios ideales.

Arggggg… ¡Piojos! O cómo unos seres tan diminutos son capaces de poner en jaque a toda una casa durante semanas.

Pues no, como era de esperar, este año tampoco nos libramos. Fue escribir el post y no más allá de 10 días después ver a uno de mis hijos rascándose la cabeza con fruición. ¡Oh, cielos!, pero si yo había tocado madera con los dedos de los pies mientras escribía sobre piojos. Pues no fue suficiente. Una vez más volví a plantearme si soy buena madre porque en esta ocasión tampoco se me pegaron. El psicoanálisis me ronda.

La teta  O cómo deshacerte de comentarios inoportunos cuando estás dando el pecho.

“¿Te gustaría tener otro hermanito?”, pregunta mi suegra un día sin más. “Sí. Yo quiero tener un hermano para tomar otra vez teta”, dice Teo. Y su hermana asiente. La pobre mujer, que no es de comunión diaria, pero está pensando seriamente en reconsiderarlo para poder soportar a la indomable de su nuera, se queda perpleja y seguro que piensa que esos más de dos años de lactancia han horadado la razón de sus nietos. Si es que nadie es perfecto.

Los celos: ¿un mal necesario? O cómo hacer que tus hijos entiendan que puedes quererlos a los dos a la vez.

Toda mi esperanza de que con el paso del tiempo los celos entre mis hijos acabarían quedándose atrás fue infundada. Es más, parece que se han recrudecido. Sus métodos para “hacerse rabiar” son cada vez más sofisticados y refinados, vamos, que estoy por preguntar en qué momento han visto CSI a mis espaldas.

Malcriar… ¿o bienamar? O cómo la gente te persigue para que no cojas a tus hijos en brazos.

Indómita, que soy una indómita. Como mis niños ya no tienen edad de que los coja en brazos de día, los mimo de noche. Que alguien que firma best-sellers dice que hay que dejar a los niños solos en su dormitorio, pues yo acompaño a mis hijos hasta que se duermen. Que se despiertan de madrugada, allí que acude su padre (que por algo es santo, ¿no?). Todo por ir contracorriente y a favor del instinto. Y que sea por muchos años.

Por cierto, Pepe abrazó por fin a su mujer y ella lloró de felicidad. España acababa de ganar la Eurocopa.

Amigos O cómo los padres nos empeñamos en elegir algo imposible: las amistades de nuestros hijos.

Tras la publicación de este post en que nombraba a dos amigas del alma: Esther y Estíbaliz, se emocionaron tanto que comenzaron a hablar a todos sus conocidos de Creciclando. La web se desbordó, el negocio se exportó al extranjero y hoy cotiza en Bolsa. Bueno… por una vez se puede soñar, ¿no? No obstante, el buen trabajo del equipo de Creciclando merece un Dow Jones y mucho más.

Caballito: historia de una mascota O cómo los padres podemos convencer a nuestros hijos de que un pez es un animal de compañía.

El pobre Caballito no recibió finalmente sepultura. Es un secreto, pero permanece con nosotros, embalsamado entre servilletas de papel y film transparente, esperando que nuestra hija se acuerde de él o se olvide para siempre. “¿Por qué no lo tiramos ya a la basura?”, he interrogado a mi santo varias veces. Él se limita a decir que no con la cabeza. Y es que un día si Ada pregunta que cuándo vamos a enterrar a su pez y le decimos que no está, me veo a su pobre padre recorriéndose otra vez los acuarios y cometiendo un asesinato para mostrarle el cuerpo incorrupto de Caballito. Y eso sí que no.

Día de la Madre  O qué hacer cuando se pierde el regalo que ha hecho en el cole tu hijo para ti.

La bonita y sin par muñeca-cuchara de palo que hizo mi santo para purgar su descuido luce hoy en mi dormitorio como si hubiera sido elaborada por las inocentes manitas de mi hijo. Y yo me pregunto cada vez que me voy a dormir: “¿qué sentirá mi marido al ver ahí su obra: culpa u orgullo?”.

Generosa O cómo pedirle a tus hijos que sean más solidarios de lo que tú eres.

36 gallinas ponedoras cacarean en Dubbo (Etiopía) gracias a Ada. Su Comunión se celebró en mayo y, tal como había anunciado, destinó el dinero que le regalaron unos cuantos buenos amigos a este propósito. Estaba feliz, casi más que con otros presentes que recibió. En su carta a los niños etíopes sólo les pedía una cosa: que a una la llamaran Cotufa y a otra Ceferina. ¡Esa es mi niña!

Goles y albóndigas de lata O cómo el embarazo altera tan intensamente las hormonas y otros sentidos.

Sigo sin probarlos: ni los berberechos ni las albóndigas en lata. Y creo que será para siempre. Amén.

Adán, Eva y los trogloditas  O cómo explicarle a tus hijos el Génesis y otros episodios religiosos.

Aunque fue la Comunión de Ada, las charlas teológicas entre mis hijos están un poco más calmadas. Han pasado de este tema al de las “partes íntimas” (¡Glup!). San Google, san Google, ruega por nosotros.

¿Y tú que quieres ser de mayor? O cómo nos empeñamos en influir en el futuro de nuestros hijos.

Tras los últimos acontecimientos, estoy replanteándome seriamente la conveniencia de que mis niños se hagan funcionarios, que como sigamos así, cuando les toque a ellos van a tener que pagar por su plaza fija: “Imagínate qué chollo, mamá, nos sale sólo por 100.000 euros”. Y lo de constructor o médico tampoco parecen buenas opciones. ¿Y la vida contemplativa? Anda que no hay conventos en España…

Playas con encanto O cómo por nuestros hijos hacemos sacrificios a los que jamás pensamos llegar.

Pues sí, nos escapamos a una playa con encanto… para mis hijos. Qué patinetes con toboganes (un lujo del modern design), qué paseo marítimo lleno de puestos (“papá, cómprame algo, cómprame, cómprame”), qué olor a fritanguilla desde los chiringuitos. ¡Una maravilla! ¿Quién cambiaría esto por una recóndita cala en la que se pudiera leer un libro tranquilamente y como único sonido se percibieran las olas del mar? Se me caen. Los lagrimones.

Más que un torneo  O cómo los padres perdemos la razón cuando compite nuestro hijo.

“Tú baloncesto, hijo, que eres alto y se te da muy bien”. Una y otra vez, una y otra vez repitiendo este mantra para que llegara la dichosa Eurocopa. Como en casa somos profanos en la materia, Teo empezó hablando de Mister Casillas (sic) y acabó el día de la final pidiendo la equipación de Iker Casillas, el-mejor- portero-del-mundo-que-tiene-una-novia-periodista. Tal cual. Y claro, ahora va vestido como él, que ya se encargó su padre de buscarle el atuendo por cielo y tierra. Y no es que Iker me caiga mal, pero me haría tanta ilusión que preguntara por Pau Gasol…

Ese día llegó O cómo se transfiguran los padres cuando sus niñas se van haciendo mayores.

Ada lleva todo el verano con su parte de arriba del bikini. Pero su padre respiró ¡y de qué manera! cuando interpretó en su fuero interno que era “producto de la presión social”, vamos que, en realidad, su niña no se está haciendo tan mayor, sino que imita al resto de niñas de su edad. La esperanza es un bien tan preciado, querido santo mío.

Darse la vuelta O cómo los padres, también los famosos, disfrutamos de otras cosas.

Tras ver en la celebración de la Eurocopa que más que un equipo de fútbol aquello era un Kindergarten el día de fin de curso, Gerard Piqué y Shakira decidieron contribuir a la causa. Y parece que lo van a conseguir.

¿Bien o en familia? O cómo los términos suegra y vacaciones son totalmente incompatibles.

Tras escribir este post me aseguré de que mis padres se dieran de baja en Internet para que nunca pudieran leerlo. Por la herencia… digo, por el disgusto, más que nada. Con respecto a mi suegra, no sé si lo leyó o no. Y lo peor, no me atrevo a preguntarlo.

Brigada antivicio O cómo los hijos se empeñan en torpedear las muestras de cariño de los padres.

Tiempo de sol, piscina, cuerpos en bikini… Bueno, que ya no estamos en edad, pero mis hijos siguen en sus trece. Son capaces de volverse a meter en el agua, aun habiéndose salido tiritando hace un minuto, con tal de separarnos a su padre y a mí de un casto abrazo. Con lo que se cotiza una pareja bien avenida…

Una “tranquila” jornada playera O cómo las suegras siempre tienen la razón.

Ya no tenemos a Yola Berrocal paseando por casa porque el labio de Teo se ha deshinchado, pero ha costado lo suyo. Cuando Suegra II decía aquello de “a ver quién os atiende por ahí” tenía toda la razón. En Urgencias no vieron otra heridita interna y el labio se infectó. Conclusión: no solo el socorrista estaba dormido en esa playa aquel día.

Tras este repaso, os dejo disfrutando de vuestros hijos el resto del verano. Creciclando y su Blog siguen en marcha, pero yo regresaré con mis post en septiembre. Quién sabe: ¿llegaré a ser la nuera preferida de mi suegra?, ¿entrará mi hijo en los alevines del Real Madrid… de fútbol?, ¿decidirá mi hija que lo de estudiar es un rollo y que quiere prepararse para entrar en Gran Hermano?, ¿seguirá sumando santidad mi santo marido? Todo esto y mucho más, a la vuelta.

Terry Gragera