¿Vivir sin tele?

Cuando nos mudamos a vivir a nuestra nueva casa decidimos no cargar la tele. Ya llevábamos un tiempo dándole vueltas al tema y aprovechamos el cambio para tomar la decisión. Al principio se nos hizo un poco raro porque la tele formaba parte de una rutina, sobre todo por las noches cuando acostábamos a los niños y nos quedábamos tranquilos después de la cena. Esa sensación nos duró poco, la verdad, y enseguida vimos lo agradable que era el silencio y el disfrute de ese rato del día.

No es que piense que la tele es mala en sí misma, ni mucho menos, lo que pasa es que para mí se había convertido en un acto rutinario, sin sentido, un hábito un tanto absurdo. Encender la tele no era un acto consciente: “hoy es martes voy a poner esta serie que me gusta mucho”, sino que lo hacía “porque sí”, porque tocaba.

Además estaba el tema de los niños. Mis hijos no veían casi nunca la tele, en eso éramos muy cuidadosos, y queríamos que siguiera siendo así. Los niños, al contrario que los adultos, no pueden filtrar lo que ven, lo chupan todo sin barreras, sin protección. La visión de un niño viendo la tele absolutamente hipnotizado, estático, con los ojos y la boca abiertos, me pone un poco los pelos de punta. Pero bueno, esa es mi opinión. Lo cierto es que en muchas ocasiones se utiliza la tele para que los niños se queden un rato quietos para poder mientras nosotros hacer cosas en la casa o que nos dejen un rato en paz. Así lo recogía un artículo publicado en El País el pasado mes de enero titulado “Un país de teleniños“, en el que se apuntaba cómo la televisión se ha convertido en una económica guardería en España.

En este artículo se hace hincapié en la necesidad de consumir una “dieta audiovisual” equilibrada y en la importancia de luchar por unas producciones de mayor calidad y específicas para el público infantil. “No hay que satanizar las pantallas” afirma la Defensora del Espectador de RTVE. Creo que en eso estamos todos de acuerdo, pero ¿qué les aporta? Muchas veces nos venden a los padres productos audiovisuales con el sello de “educativo” como si nuestros hijos fueran a aprender gracias a ellos. No nos equivoquemos, los niños aprenden siempre a través de otro ser humano, a través de la experiencia.

Independientemente de la calidad de la oferta televisiva para los niños, el dato que me parece más preocupante es que los menores entre 4 y 14 años pasan más de dos horas y media al día frente a la televisión. Las cuentas no me salen: están un montón de horas en el colegio, al terminar, muchos tienen actividades extraescolares dentro o fuera del centro, otros tienen que hacer deberes, la hora del baño, la cena,… Entonces ¿de dónde sacan dos horas y media para ver la tele? Y lo que me parece más grave de todo ¿cuándo juegan? Si el poquísimo rato que tienen libre lo pasan viendo la televisión les estamos haciendo un flaco favor. El juego es la tarea más importante para un niño, tanto como el comer y dormir, es su herramienta más potente para aprehender el mundo. Lo que pasa es que los niños cuando juegan lo desordenan todo, gritan y corren, incluso puede que rompan alguna cosa o “transformen” algún elemento de la casa. Y claro, siempre está la tentación “¿y si les pongo una peli en el ordenador y así recojo la casa y preparo tranquilamente la cena?”.

Elsa Charcos / Madrid